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¿Los holandeses «hablan claro» o no saben comportarse?

M. Embry, 2018

Cada día hay estudiantes extranjeros que se ven discriminados y excluidos indirectamente por sus compañeros holandeses. Y ocurre que los holandeses ni siquiera se dan cuenta. «Para ellos es hablar claro, pero solo demuestran ser groseros».

Consuela, de la serie «Padre de Familia»

Alejandra Hernández es una estudiante de doctorado con las miras muy altas. También es mexicana y sus colegas a menudo se lo recuerdan. «A veces pienso que los holandeses tienen un sentido del humor muy difícil», me dice. «Me reí la primera vez que me llamaron “Consuela”, pero no la décima», suspira.

«Consuela» es un personaje mexicano de la serie estadounidense Padre de familia. En uno de los episodios aparece en un concurso televisivo llamado ¿Sabes más que una limpiadora hispana? No es un estereotipo especialmente halagador.

«¿Por qué actúan como si solo sirviésemos para eso?», se pregunta. «Ser limpiadora es un trabajo totalmente honrado, pero México también tiene ingenieros y premios nobel. Y yo hago exactamente el mismo trabajo que mis colegas. Entonces, ¿a qué se debe que estos comentarios se repitan siempre? Según ellos, así es como hablan claro, pero solo demuestran lo groseros que son».

Su caso dista mucho de ser el único. La revista encuestó a más de 300 estudiantes extranjeros. En los últimos 3 meses más del 42% de encuestados se ha visto ante este tipo de bromas o comentarios denigrantes hacia su cultura o nacionalidad por parte de estudiantes o personal de la Universidad de Groninga. A su vez, el 13,6% de los encuestados declara que en el mismo periodo oyó comentarios abiertamente racistas en boca de los estudiantes o personal de la universidad.

No tiene ninguna gracia

Los estudiantes extranjeros coinciden: las bromas no tienen ninguna gracia.

Maria Kovacevic es de Montenegro. Dice haber perdido la cuenta de todas las veces que oyó comentarios fuera de lugar mientras hacía su doctorado en física. «Un estudiante me dijo, “Así que eres de Montenegro. ¿Sabes lo que pensamos de los que vienen de tu país? Ni te lo imaginas”».

Ella y otros amigos extranjeros compartían experiencias similares al final de la jornada. El no ser la única no la consolaba. «Creo que esto está muy mal. ¿Qué sociedad es esta? Vine a los Países Bajos, al que pensaba que era un país de libertad con una mentalidad abierta», comenta. «Y quizá no te juzguen si eres holandés, pero si perciben que tu nacionalidad es distinta, ahí surge el problema».

Violeta Stojanovska es una alumna de doctorado de Macedonia. No sabe si es peor ser objeto del chiste o cómplice de chistes sobre otras personas. Recuerda un ejemplo especialmente doloroso. «El primer año de mi doctorado, estaba en un aula llena de alumnos holandeses y vino a hablar una estudiante china. Cuando salió, todos rompieron a reír, burlándose de su forma de hablar y comportarse. Cuando una persona es muy humilde, los holandeses dicen la palabra kruiperig [‘servil’]. No podía creerlo. ¡Estudiaban para ser médicos! Me sentí cohibida y no les dije nada, ya que allí yo era la única persona que no era holandesa. Pensé que seguramente también se burlarían de mí a mis espaldas.

¿Cómo hemos llegado a esta situación?

En los años 90, Tom Pettygrew, un psicólogo social estadounidense que trabajaba en la Universidad de Ámsterdam, inventó una forma de medir[+] los prejuicios, tanto los «disimulados» como los «explícitos». Su equipo descubrió que Holanda está plagada de prejuicios disimulados.

Eso resultó ser una bomba en un país que se considera a sí mismo como uno de los más liberales del mundo, dice Ernestine Gordijn, psicóloga social de la Universidad de Groninga. Pero la gente generalmente no es consciente de sus propios prejuicios. «Y en Holanda la gente cree ser franca y abierta, pero muchas veces no se da cuenta de sus prejuicios. Yo no diría que los holandeses son más racistas que otros, pero sí creo sinceramente que son muy ingenuos y no saben por dónde anda su propio racismo.

Ludo Aerts, que estudió Historia y Ciencias de la Religión, cree que los holandeses ven el mundo y se ven a sí mismos de una determinada manera debido, en gran parte, a su historia reciente. «A finales de los años 80 nos iba tan bién en lo social y en lo económico que empezamos a acariciar mayoritariamente la idea de que éramos algo así como un país que iba por delante del resto, una sociedad ejemplar. Eso forma parte del relato que, como nación, nos hemos contado a nosotros mismos, y se basa en suponer que el racismo y la xenofobia implícitos están superados».

El economista Swarnodeep Homroy, de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, en su investigación, trata con este tipo de ideas todos los días: la gente es indulgente con sus propios microcomportamientos ya que se identifica con los macrocomportamientos de su grupo. Los individuos pueden pasar por alto sus comportamientos individuales marcados por el prejuicio, encuadrando sus actos dentro del estereotipo más abarcador del holandés «tolerante».

No solo los holandeses

Los lectores podrían pensar que no es un problema que afecte solo a los holandeses. Y es verdad, dice Gordijn. «Todo el mundo se fabrica estereotipos, categorizamos todo lo que vemos, incluso a las personas. Lo que pasa es que los estereotipos simplifican demasiado y suelen equivocarse, y los estereotipos sobre minorías tienden a ser negativos».

Los estudiantes extranjeros dicen que, para sus compañeros holandeses, el uso de estereotipos negativos es una forma de «hablar claro». «Pero yo diría que ni siquiera eso es cierto», dice Gordijn. «Lo que ocurre es que usar estereotipos negativos hace que nos sintamos mejor nosotros. Esto lo explica la psicología social básica: si los belgas son estúpidos, entonces nosotros somos listos; si los alemanes son personas frías, entonces nosotros somos personas cálidas».

Y el hecho es que esas expresiones sutiles de prejuicio son normalmente indirectas. Los chistes son muy útiles como vía de expresión de juicios de valor negativos, ya que al que los cuenta no lo hacen responsable de sus efectos.

«Es tu problema si crees que no tiene gracia», dice el recientemente graduado Paolo Petrocchi. Petrocchi es de Aruba, así que en teoría es holandés. Pero suele oír comentarios que le recuerdan su condición de outsider. «En ellos se esconde un trasfondo de racismo e intolerancia. Y como aquí todo gira en torno a la “tolerancia”, entonces creen que debes también ser tolerante con sus “chistes”».

Sin ánimo de ofender

Según la encuesta, solo el 8,3% de los encuestados cree que dichos comentarios trataban de ofender, el 30% declara no saber qué pretendían con los chistes, y el 61% dicen que saben que sus compañeros solo trataban de hacer humor.

Pero Homroy no cree que ello sea relevante. «Lo que importa es cómo reciben las palabras de uno». Y más del 30% de los encuestados dice que las bromas, de hecho, les molestaron. Un mal sentido del humor no puede justificar el ofender a otros, dice Homroy. Sus investigaciones giran en torno a la discriminación por género, pero él cree que la discriminación por género y la discriminación por cultura funcionan de forma parecida y tienen consecuencias similares. La discriminación no es siempre intencionada y tampoco es siempre consciente. «Pero puede seguir haciendo daño».

Cuando uno pertenece a una mayoría, probablemente no se da cuenta de cuán a menudo recurre a prejuicios para hablar sobre otras personas, dice Gordijn. Así que lo que ella hace es simplemente informar a los grupos mayoritarios de la visión que tienen de ellos las minorías. «Siempre se sorprenden. Nunca han tenido que ponerse a pensarlo, porque son ellos los que fijan las normas». Por otra parte, las minorías van con la idea fija de que van a ser tratadas con prejuicios injustos en cualquier momento. Una carga psicológica de ese tipo «puede hacer que la gente se vuelva insegura, o irritable, o hacerle sentir que debe actuar de manera distinta para desmentir activamente los prejuicios negativos».

Kovacevic tiene experiencia personal sobre este fenómeno. «Los estudiantes bromean diciendo que la gente de la ex-Yugoslavia solo viene a Holanda a robar», sostiene. El resultado es que los estudiantes extranjeros acaban preguntándose si sus compañeros los estarán tomando por delincuentes.

Pero solo hay que verlo desde la perspectiva de la minoría, sugiere Gordijn. Y no es difícil, porque la condición de minoría no es absoluta. Los estudiantes holandeses dicen tener sus propias experiencias de exclusión cuando están en el extranjero o en grupos de trabajo con miembros de distintos países. «La diversidad suele ser la solución a adoptar ante prejuicios leves», dice Gordijn. «Y si aspiramos realmente a ser una universidad internacional, debemos dejar de recurrir a trucos fáciles en nuestra interacción con los demás».

Extranjeros, es hora de contarlo

Alejandra Hernández aspira a pasar el resto de su vida en los Países Bajos. Como la mayoría de los estudiantes que han contribuido a este artículo, su intención no es quejarse. Pero Homroy es optimista y piensa que los alumnos extranjeros, con solo animarse a contarlo, pueden ayudar a desmantelar el prejuicio disimulado. La gente de otros países puede tener una desventaja psicológica: si uno siempre piensa que es de una minoría, entonces baja la cabeza, adopta un perfil bajo, no protesta. Pero es bueno normalizar la presencia de uno utilizando su propia voz.

Los estudiantes extranjeros lo están contando. A continuación se describen en primera persona situaciones de prejuicio disimulado (o explícito) ocurridas tanto en Groninga como en su universidad.

Recuerdo que una vez, en el centro de la ciudad, un muchacho estaba molestando a una de mis amigas. Me metí y se burló de mi acento. Me dijo que me largara a mi país a hacer tortillas. Me ofendió mucho. No esperaba nada semejante de un estudiante en una ciudad internacional. —Estudiante de México—

Salí una noche y dejé asegurada mi bicicleta cerca de una casa. Cuando regresé ya no estaba, así que toqué la puerta para preguntar al que vivía allí si había visto quién se la había llevado. El muchacho que me atendió era un estudiante de la Universidad de Groninga. Me dijo: “Oh, pensé que era de una de esas muchachas chinas. Odio a los estudiantes chinos, así que me llevo sus bicicletas y las destruyo”. Esta fue una de mis primeras experiencias en Groninga. —Estudiante de Montenegro—

Algunos estudiantes holandeses varones, cuando hablo en español con mis amigos, se acercan a decirnos cosas como “burrito, fiesta ¿dónde está la biblioteca?” o “sigue hablando, que es muy sexy”. Ocurre continuamente. Una vez me dijeron que las chicas españolas eran más putas que las holandesas. Cuando le dije que se fuera, me respondió, “No sé por qué tienes esa actitud. Las chicas españolas tienen cierta reputación”. —Estudiante de España—

La percepción idealizada de cómo debe ser un japonés me sigue a todos lados. Me suelen decir, “¡Qué bien! ¡Sabrás hacer sushi!” —Estudiante de Japón—

Tengo que luchar cotidianamente contra ideas preconcebidas que existen sobre mi país. Me dicen cosas como “¡Qué suerte tienes de estar en Holanda!, he oído que en Malasia las mujeres no tienen derechos y ni siquiera pueden conducir vehículos” o “Seguro que te sorprende ver edificios tan grandes aquí en Groninga, comparados con los que hay en tu país”. Estas cosas pueden desmotivar bastante, especialmente si son tus compañeros los que, por pura ignorancia, te hacen sentir que no estás a la altura. —Estudiante de Malasia—

Me han llegado a decir que los alemanes somos nazis y que me vuelva a Alemania. —Estudiante de Alemania—

En mi clase de política y filosofía debatíamos el tema de las cosas vergonzosas en política y todos me molestaban porque yo era «el experto en nazis». —Estudiante de Alemania—

Los estudiantes holandeses piensan que los chistes de nazis tienen mucha gracia, y no la tienen en absoluto. —Estudiante de Alemania—

No hace falta ser alemán para que a uno le hagan bromas de nazis. También se las hacen a los austriacos. —Estudiante de Europa—

Muchas veces piensa la gente que, como soy del Caribe, tengo que ser negro, así que no me suelen creer. Soy mulato pero no es muy visible. Aquí la gente suele hablar como si fuese una pena que yo sea de donde soy. —Estudiante de San Martín—

“¿Cómo vas ser de África si eres blanco?” es el comentario que siempre me hacen. Me hace sentir excluido antes que aceptado. Existe la idea preconcebida de que uno tiene que ser negro para ser de África. —Estudiante de África—

Dicen que soy “demasiado sensible” y hacen chistes sobre la pobreza y el subdesarrollo en África. Bromean diciéndome que, para venir de África, soy muy “civilizado”. —Estudiante de África—

Como soy de un país de África, suelo oír muchos chistes de esclavos y otros comentarios condescendientes. Y cuando se dan cuenta de que no estoy de humor para esas bromas, se preguntan por qué seré “tan aburrido”. —Estudiante de África—

Me dijeron que me acostumbrase a que me trataran mal porque en Sudamérica eso era algo normal. —Estudiante de Sudamérica—

Cuando me oyen hablar, siempre me preguntan de dónde soy. Eso no me ofende. Pero luego me dicen que, para ser mexicano, mi inglés es muy bueno. ¿Por qué para ser mexicano? Me lo dicen muy a menudo. Y lo peor es que los holandeses no pretenden ofender. —Estudiante de México—

Aquí la gente no distingue entre Ucrania y Rusia, cosa que me ofende como ucraniano. Ucrania no es Rusia. Crimea es Ucrania. Ucrania está en guerra con Rusia. —Estudiante de Ucrania—

A veces la gente dice que los italianos somos vagos, pero lo dicen en broma. Si el comentario me ofende, lo digo. —Estudiante de Italia—

Como soy blanco y belga, realmente no me siento marginado racial o étnicamente. Sí algo más por el idioma. —Estudiante de Bélgica—

Mi antiguo compañero de habitación era colombiano y sus compañeros holandeses siempre le hacían bromas sobre narcotráfico. —Estudiante de México—

No todos los asiáticos somos de China. La gente bromea sobre mi país, diciendo que los tailandeses vamos a la escuela en elefante. Y no todos los asiáticos comemos perro o gato. La gente a veces me dice que podría comerme a sus mascotas. —Estudiante de Tailandia—

Me sorprendieron las protestas que había en contra de la internacionalización de la universidad. Yo diría que eso es xenofobia. Pero a nivel personal, obviando algunas situaciones en las que sí me sentí plenamente discriminado, diría que lo que les pasa a los holandeses es que no saben comportarse, y que gastan bromas que ofenden. —Estudiante de Centroamérica—

Cuando buscaba una habitación para alquilar, me entristeció que ya no me respondiesen en cuanto se enteraban de que soy de Irán. ¡Me ocurrió más de diez veces! Sigo sintiéndome triste y solo. Percibo al 100% el racismo disimulado que existe. —Estudiante de Irán—

Como soy de un país del sur, a menudo me tratan como si fuese vago, estúpido o como si solo quisiera estar de fiesta. También me cuesta mucho encontrar alojamiento decente, porque los holandeses prefieren holandeses. —Estudiante de Europa—

Cuando buscaba alojamiento, muchos estudiantes holandeses dijeron que no vivirían conmigo porque soy español. Creo que los holandeses, en general, son bastante ignorantes y tienen una mentalidad cerrada y solo aspiran a tener amigos holandeses. —Estudiante de España—

He tenido problemas buscando alojamiento. No obtuve la más mínima respuesta de los propietarios con los que contacté. Me costó dos meses encontrar un lugar donde quedarme y debido a ello voy atrasado en mis estudios. —Estudiante de Oriente Medio—

La gente dice que todos los alumnos ucranianos somos gitanos, cosa que es falsa, y que lo único que queremos es quedarnos en Holanda. —Estudiante de Ucrania—

La gente relaciona “no llegar a tiempo” o “llegar tarde” con ciertas razas o nacionalidades. Así que cuando alguien que no es holandés llega tarde a una cita o a una clase, es normal oír comentarios que no se hacen cuando es holandés el que no llega a tiempo. —Estudiante de África—

Mis padres son rumanos. Una vez me dijeron “¿No son arrogantes las chicas rumanas?”. No le di importancia, pero es una experiencia que he tenido. —Estudiante de Europa—

Los amigos de mi novio (actualmente mi marido) decían que me casaba solo para que me diesen papeles. —Estudiante de Sudamérica—

La verdad es que circulan un montón de bromas racistas, sobre asiáticos en especial, que considero inadecuadas. —Estudiante de Europa—

En mi clase hay estudiantes que dicen cosas racistas. El aula debería ser un lugar libre de ese tipo de agresiones. Tengo la impresión de que Holanda ha sido un país realmente homogéneo durante mucho tiempo y la gente no tiene la experiencia de empatizar con las minorías. —Estudiante de España—

Estaba en un cine con un amigo. Antes de empezar la película, estábamos conversando en voz baja en nuestra lengua. Al parecer, esto molestó a un muchacho holandés; supongo que porque no entendía lo que nos contábamos. Se puso a unos centímetros de mi oído y empezó a gritar “cállate, cállate, cállate”. Fue horroroso y me dejó bastante alterado. —Estudiante de Europa—

Mi primer día me dijeron que regresase a mi país y me trataron muy groseramente. No podía creer que estuviera recibiendo este maltrato gratuitamente. A partir de ese momento, mi percepción de Groninga cambió totalmente y me sentí apartado. Tras experimentar pequeños casos de xenofobia (hacia otras nacionalidades) me di cuenta de que Holanda era un lugar muy hostil hacia los extranjeros. —Estudiante de España—

Sin duda hay discriminación. No abiertamente, sino que es algo que en la sociedad está escondido. No estoy seguro de si los propios holandeses son conscientes de esto. ¿lo saben? Quizá sí lo saben pero no les importa, como pasa con lo de Zwarte Piet, que para ellos es algo normal. Y si lo criticas, resulta que tú eres un maleducado. Ellos se precian de ser “directos”, pero, si tú haces lo mismo, eres maleducado. —Estudiante de Europa—

Cuando un estudiante holandés que acababa de conocer se enteró de dónde era, dijo “Vaya, no sabía nada de Yakarta, solo oí hablar de Batavia”, cosa que incomodó mucho. No sé. Es un poco hiriente sacar el tema del colonialismo, ya que es algo que nosotros queremos olvidar. La desconsideración de los holandeses hacia este asunto me irrita. A un amigo que tengo en Leiden, un profesor de historia le dijo que el nuestro era un país de vagos y que por esa razón nos convertimos en colonia. —Estudiante de Indonesia—

Aquí mis amigos siempre me recuerdan que mi inglés es “gracioso” o “diferente” o “suena como a ruso”. Esta gente no está acostumbrada a un inglés pronunciado como en el este de Europa y se ríen de mi pronunciación del este, cosa que solo consigue desalentar a la gente de seguir hablando. —Estudiante de Bulgaria—

Una vez una persona a la que había conocido segundos antes me presentó a los demás como “el americano estúpido”. —Estudiante de Estados Unidos—

La gente siempre se ríe de lo que pasó en Francia en la Segunda Guerra Mundial. La llaman “el pajarito en peligro” y me preguntan que dónde llevo mi bandera blanca. Irrita mucho oír eso de un país que ni siquiera resistió a la invasión alemana. Pero lo que más me molesta es que eso mancilla la memoria de toda la resistencia que hubo en Francia. Realmente esta broma me resulta odiosa. —Estudiante de Francia—

Conozco a una chica indonesia que sigue llevando el hiyab. Un muchacho le dijo, “con eso puesto, pareces una terrorista”. —Estudiante de India—

En primer lugar, yo separaría las experiencias hostiles de lo que son simples comentarios por ignorancia, viéndolos como “casos aislados”. Lo que ocurre es que es muy difícil hablar sobre discriminación en Holanda porque no está institucionalizada. Así que, cuando tiene lugar, acabas autoexaminándote para ver si podrías haber actuado de otra forma que no provocase la reacción maleducada de un “tolerante” holandés. —Estudiante de Malasia—

Solicité inscribirme a un viaje de estudiantes a Lucerna. En la asociación de estudiantes me dijeron que seguramente desestimarían mi solicitud, porque el viaje sería “solamente para estudiantes holandeses”, ya que los padres holandeses pagan impuestos para que sus hijos vayan a la universidad. Pero ¿no es también mi universidad? Me sentí como un ciudadano de segunda clase. —Estudiante de Europa—

En la Facultad de Ciencias Geográficas había un profesor que llamaba a todos por su nombre, pero a mí solo me llamaba “Aruba”. Si aprendía los nombres de los otros estudiantes holandeses, ¿por qué no aprendía el mío? Ahí está el problema: no saben que está mal hacer eso. Lo consideran gracioso, incluso encantador, pero es como acercarse a una mujer desconocida a decirle, “hola, cariño”. —Estudiante de Aruba—

Recuerdo que en mi instituto hicieron una “fiesta mexicana”. ¡Qué bien!, pensé, ¡van a honrar a mi país! Pero cuando cuando me presenté allí todos llevaban sombreros charros, cosa que nosotros no nos ponemos, y hacían como si estuvieran borrachos de tequila. Y pensé que era muy triste que al final siempre surgiera el mismo estereotipo. —Estudiante de México—

La asociación de estudiantes de económicas y empresariales organizó una “fiesta mafiosa” como preludio a un viaje de estudiantes a Italia. Realmente no esperaba una cosa así de una asociación de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Es como decir que Colombia solo es Pablo Escobar, cosa inexacta e innecesaria. —Estudiante de Italia—

El año pasado oí que a un amiga mío un profesor le había le había hecho un comentario sobre “cómo son los asiáticos”. Ella y otros compañeros asiáticos sospechaban que el profesor ponía malas calificaciones a estudiantes no europeos. —Estudiante de Asia—

Oí a un profesor decirle a un alumno latinoamericano que tenía carencias a nivel educativo por venir del país del que venía. Creo que esto ocurre a todos los niveles. La mayor parte se trata de bromas, pero tocan asuntos sensibles, especialmente en casos de personas que vienen de países donde hay mucha discriminación. —Estudiante de Centroamérica—

Tengo la impresión de que las calificaciones se basan mucho en el lugar de donde vienes y dónde estudiaste, porque los profesores suelen decir cosas como “no entiendes cómo funcionan aquí las cosas”. —Estudiante de Europa—

En mi programa existe trato preferencial a los estudiantes holandeses, pero habría lo mismo en mi país de origen. —Estudiante de Europa—

Me ocurre a menudo que, aunque asisto a una clase magistral que se imparte en inglés, los profesores hablan con otros estudiantes en holandés. Aunque no creo que se trate de racismo, esto hace que otros estudiantes extranjeros dejen de enterarse de detalles importantes y también los hace sentirse excluidos. —Estudiante de Europa—

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Translation info
Translator: Alexis Condori
Published: May 13, 2018 at 16:56 GMT
Last modified:
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Source: De Universiteitskrant / University of Groningen