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Alemania, 1945: ¿violaron igual los estadounidenses que los soviéticos?

K. Wiegrefe, 2015

Los soldados llegaron al atardecer. Entraron por la fuerza en la casa y quisieron llevarse a rastras a las dos mujeres al piso de arriba pero Katherine W. y Charlotte, su hija de 18 años, consiguieron escapar.

Los soldados no se dieron por vencidos tan fácilmente. Empezaron a registrar todas las casas de la zona y, al final, encontraron a las dos mujeres dentro del armario de un vecino poco antes de medianoche. Los hombres las sacaron y las echaron sobre dos camas. El crimen que los seis soldados acabaron perpetrando tuvo lugar en marzo de 1945, poco después del final de la Segunda Guerra Mundial. La muchacha pidió ayuda a gritos: “Mamá, Mamá” pero nadie acudió.

Cientos de miles, quizá millones, de mujeres alemanas sufrieron una suerte similar por entonces. A menudo, en el este de Alemania, tales violaciones en grupo se atribuían a las tropas soviéticas. Pero en este caso fue distinto. Los violadores eran soldados de los Estados Unidos de América y el crimen se cometió en Sprendlingen, al oeste, en un pueblo cercano al río Rin.

Hacia el final de la Guerra, unos 1.6 millones de soldados estadounidenses habían penetrado hasta el corazón de Alemania, llegando a toparse con el avance soviético a orillas del Elba. En los Estados Unidos, los que liberaron a Europa de la plaga nazi llegaron ser llamados la “Generación más Grande” y los alemanes también forjaron una imagen positiva de sus conquistadores: soldados joviales que repartían chicles entre los niños y cautivaban con jazz y medias de nylon a las fräuleins alemanas.

¿Pero coincide esta imagen con la realidad? La historiadora alemana Miriam Gebhardt, muy conocida en Alemania por su libro sobre la feminista Alice Schwarzer y el movimiento feminista, publica ahora un nuevo volumen donde plantea dudas sobre la versión comúnmente aceptada del papel que jugaron los Estados Unidos en la postguerra alemana.

Información del archivo católico

La obra, que se publicó el lunes en Alemania, presta mayor atención a la violación de mujeres alemanas por parte de las cuatro potencias vencedoras al final de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, lo que es posible que sorprenda especialmente es cómo ve ella el comportamiento de los militares norteamericanos. Gebhardt cree que efectivos estadounidenses habrían violado hasta a 190 000 alemanas cuando Alemania Occidental recuperó su soberanía en 1955, habiéndose cometido la mayoría de las violaciones en los meses inmediatamente posteriores a la invasión norteamericana de la Alemania nazi.

En gran parte, la autora basa su tesis en informes recogidos por curas bávaros en el verano de 1945. El arzobispo de Munich y Freising había mandado a los sacerdotes católicos que llevaran registro del avance aliado y la archidiócesis publicó fragmentos de sus archivos hace unos años.

Michael Merxmüller, sacerdote del pueblo de Ramsau cercano a Berchtesgaden, escribió, por ejemplo, el 20 de julio de 1945: “Ocho mujeres y niñas violadas, algunas delante de sus padres.”

El Padre Andreas Weingand, de Haag an der Amper, pequeña aldea situada justo al norte de donde hoy se encuentra el aeropuerto de Munich, escribió el 25 de julio de 1945: “lo más triste que tuvo lugar durante el avance [de las tropas] fueron tres violaciones, una de una mujer casada, otra de una mujer soltera y otra más de una niña inmaculada de 16 años y medio que fueron cometidas por estadounidenses muy borrachos.”

El Padre Alois Schiml de Moosburg escribió el 1 de agosto de 1945: “Por orden del gobierno militar, debía clavarse en la puerta de cada casa una lista de todos los residentes de la misma y sus edades. Las consecuencias que trajo ese decreto no son difíciles de imaginar… diecisiete mujeres o chicas… las trajeron al hospital tras haber sido violadas una o varias veces.”

La víctima más joven que se menciona en los informes es una niña de 7 años. La mayor, una mujer de 69 años.

Fantasías masculinas

Los testimonies movieron a Gebhardt, la autora, a comparar el comportamiento del ejército norteamericano con los excesos violentos perpetrados por el Ejército Rojo en la mitad oriental del país, donde la percepción pública de la ocupación soviética estaba dominada por imágenes de brutalidad, violaciones en grupo y saqueos. Sin embargo, Gebhardt sostiene que las violaciones cometidas en la Alta Baviera demuestran que las cosas no fueron muy distintas, una vez finalizada la guerra, en el sur y el oeste de Alemania.

La historiadora cree también que operaban motivos similares. Al igual que sus homólogos del Ejército Rojo, los soldados estadounidenses –sostiene– se sintieron horrorizados por los crímenes cometidos por los alemanes, rabiosos por su inútil y mortífero empeño en defender el país hasta el final, y coléricos por el grado de prosperidad relativamente alto de Alemania. Además, la propaganda en ese momento transmitía la idea de que las mujeres alemanas se sentían atraídas por los militares norteamericanos, alimentando aún más las fantasías masculinas.

![Alemanas se bañan en presencia de soldados norteamericanos. Julio de 1945](http://cdn2.spiegel.de/images/image-817969-breitwandaufmacher-unrg.jpg)

Las ideas de Gebhardt están firmemente arraigadas en el actual estado de conocimientos del mundo académico. A raíz del escándalo por las torturas de Abu Ghraib y otros crímenes de guerra cometidos por soldados estadounidenses en Irak y Afganistán, muchos historiadores sostienen una visión más crítica sobre el comportamiento de los militares estadounidenses en los días que inmediatamente antecedieron y siguieron en Alemania al final de la Segunda Guerra Mundial. Hay estudios en los últimos años que han arrojado luz sobre incidentes en los que efectivos norteamericanos expolian iglesias, asesinan a civiles italianos, dan muerte a prisioneros de guerra alemanes y violan mujeres, incluso cuando avanzan por Francia.

A pesar de tales descubrimientos, se sigue considerando que los estadounidenses fueron relativamente disciplinados comparados con el Ejército Rojo y con los militares franceses, una percepción tradicional que Gebhardt tiene intención de cuestionar. Sin embargo, todos los informes recogidos en Baviera por la Iglesia Católica solo suponen unos pocos centenarese casos. Es más, los sacerdotes a menudo alababan el comportamiento “sumamente correcto y respetable” de las tropas norteamericanas. Sus informes describen la situación como si los abusos sexuales cometidos por los estadounidenses fuesen la excepción antes que la regla.

Entonces ¿de qué manera llegó esta historiadora a la impactante cifra de 190000 violaciones?

¿Hay pruebas suficientes?

El monto total no es el resultado de una investigación a fondo en archivos de todo el país. Más bien se trata de una extrapolación. Gebhardt hace la suposición de que el 5 por ciento de los “niños de la guerra” nacidos de mujeres que no estaban casadas en la Alemania y el Berlín occidentales con anterioridad a mediados de los años 1950 habían sido producto de la violación. Esto arroja un total de 1900 hijos de padres norteamericanos. Gebhardt supone aún más: que por cada nacimiento producido hubo una media de 100 actos de violación. Así, el resultado al que llega son 190 000 víctimas.

Una cifra como esa apenas parece plausible. Si la cantidad fuese tan alta es casi seguro que habría más informes de violaciones en los archivos de los hospitales o las autoridades sanitarias o existirían más informes basados en testimonios oculares. Gebhardt no ha aportado tales pruebas en cantidad suficiente.

Otra estimación, procedente del profesor estadounidense de criminología Robert Lilly, que examinó los casos de violación enjuiciados por los tribunales militares estadounidenses, llegó a la cifra de 11000 agresiones sexuales graves cometidas hacia noviembre de 1945 – una cifra ya repugnante en sí misma.

Pero hay algo en lo que Gebhardt no se equivoca: durante demasiado tiempo las investigaciones históricas han gravitado en torno a la idea de que las violaciones cometidas por militares norteamericanos no eran plausibles porque, de todas formas, las mujeres alemanas ya estaban ansiosas por acostarse con ellos.

Entonces ¿cómo se debe interpretar la reclamación cursada en Múnich por la dueña de un hotel el 31 de mayo de 1945? Allí sostiene que soldados estadounidenses habían requisado algunas habitaciones y que cuatro mujeres “corrían de un lado a otro completamente desnudas” y se las “intercambiaron varias veces.” ¿De verdad era algo voluntario?

Incluso siendo improbable que los norteamericanos hayan cometido 190000 crímenes sexuales, sigue siendo cierto para las víctimas de violaciones posteriores al conflicto – que fueron innegablemente un fenómeno a gran escala al fin de la Segunda Guerra Mundial, no existe “ninguna cultura de la memoria, ni público reconocimiento, ni mucho menos una disculpa” por parte de quienes cometieron tales hechos, observa Gerbhardt. Y hoy, desgraciadamente, 70 años después del fin de la guerra, no parece que las cosas vayan a cambiar pronto.

**La versión original de este artículo se publicó en el número del 28 de febrero de 2015 de Der Spiegel**

Translation info
Translator: Alexis Condori
Published: May 13, 2016 at 21:33 GMT
Last modified:
Canonical url: https://alexiscondori.com/translation/0003-violaciones-estadounidenses-alemania-1945
Source: hmth:8/2w2.1paeiew.-esiptnrmawinnmleg-r0a-y9b-oe-al-irsiul-sosd-emsarcpkdo1/0n0m0eg/raao-tonee-no/tdwlig-i-s0w1w9/.pttl